martes, 23 de junio de 2009

"La muerte, la injusticia y la tercera edad en la Argentina..."

Narración: Sobre la vida de una mujer, y su familia, las brechas generacionales hechos que a veces no se pueden explicar con razonamientos lógicos como una muerte predestinada por una vidente. Una historia sobre la injusticia, el amor, los celos y los sentimientos dentro de una familia, basada, básicamente en tres mujeres, la abuela, su hija y su nieta.
Ella era pequeña, no medía mas de un metro sesenta, era morocha, tez oscura, cabellos negros oscuros, y ondulados en su juventud supo hacerse bucles, era puro sentir de madre, lo llevaba en sus genes y en su historia personal, ya que fue lo que mejor hizo, cuidando hijos ajenos, tuvo una vida austera, de sacrificios, de horarios de uno, de dos, de tres trabajos... más sus hijas, que eran cuatro, les enseñó su oficio: lo que mejor sabía hacer, trabajar y trabajar.
Cuando había soledades el trabajo era su compañero, cuando había penas de amor, el trabajo era su amante, cuando no tenía hogar, el trabajo era su techo, solo había algo más importante que el trabajo para Rosario: sus hijas, sus hermanos.
Ella sabía bien el valor de una familia, había sido huérfana muy niña, a los 4 o 5 años perdió a su madre, sabía lo que es una madre de mentira, una madrastra como ella decía, cuando sus tíos se hicieron cargo de ella: le enseñaron las bases de lo que sería su vida futura... servir, limpiar, cumplir, el agradecimiento se parecería tanto al afecto... al cariño... al amor...
Enseñó a sus hijas las reglas básicas para ser una buena trabajadora, no faltar nunca, tratar siempre bien al patrón, pero con firmeza, sabía no obtendría jamás su cariño, pero ella si obtenía su respeto, y admiración... claro está por ser tan responsable... en su labor.
Rosario jamás se plegaba a los paros que se realizaban en la fábrica, no quería perder “el premio” por asistencia (eran unos cuantos pesos), además ella necesitaba hacerse su casita como lo quería. Su antiguo terreno, y casita pobre habían quedado en una provincia del interior. Acá en la capital, tendría que hacerse de nuevo. Y con su nuevo “amante” esquivar un poco la soledad que se le venía lo valía...
Aquí se ganaba más. Igualmente el hogar abandonado era “suyo” lo había pagado hasta la última cuota, ella iba a volver algún día, aunque fuese a morir allí, esa tierra árida, de clima caluroso y vida áspera era su hogar... ella volvería sin duda, un día volvería, así que jamás dejaría de pagar los impuestos de esa tierra.
Se escuchaba por ahí que la gente se apropiaba de casas abandonadas, así que indudablemente jamás dejaría de pagar los impuestos de ese terreno.
Ella volvió a nacer, tenía una vida allá y acá con su nuevo amor, la fábrica, hicieron ellos un nuevo hogar, un nuevo nido... si bien siempre fue pobre, cuando ella compró esa piecita era mas pobre todavía, ella con “su amigo, esposo y amante” construyó el nuevo terruño, levantó varias paredes, les puso revoque, pintura, pisos, techos...
No sin antes pelear por el fruto de su “amor” el dinero que no alcanzaba, los albañiles que querían aprovecharse de esa vieja sola, si bien tenía 40 y algo de años ya era una mujer vieja, así la recuerdo yo, aunque nunca quieta siempre limpiando por aquí, ordenando por allá... se estaba por convertir en abuela, ya era sola y vieja y abuela...
Si, ella era pequeña... y no conozco a nadie que haya construido lo que ella hizo frente a esas mismas situaciones adversas...
Así transcurrieron sus días entre amores de familia, celos de hijos, soledades que siempre la acompañaban, y sin embargo ella no podía dejar a su “amante” aún cuando consiguió la jubilación anticipada, pues quería cuidar a su hermana que estaba muriendo a causa del cáncer, me lo dijo, ella no me esperó, yo quería cuidarla por eso dejé mi trabajo, y se murió antes, ella no me esperó...
Se le llenaron los ojos de lágrimas a mí también y siguió... cocinando en mi casa para mí, para mis hijos... yo me sentía culpable por esa situación, ella no debía hacer esas cosas eran mi obligación... pero ese amor enfermizo que tenía “ese amante” que no podía abandonar...
Claro que hubo días alegres… le gustaba comprarse zapatos buenos, caros, ese era un gusto, “si ando todo el día tengo que tener cómodos mis pies, yo no quiero quedarme”, solía decirme, también recuerdo sus saquitos de lana, por años impecables, ella los lavaba a mano, con agua fría y con un detergente especial para ropa fina.
El problema siempre eran las polleras...
Cuando había un cumpleaños, y mis tías o yo le queríamos regalar alguna ropa, estábamos en aprietos.
No le podíamos regalar algo barato, o más bien de poca calidad, además se lo merecía, entonces nosotras mi mamá o yo recorríamos todas las tiendas de las ciudades cercanas, buscando la dichosa prenda que fuera de su agrado: no debía ser negra, eso para cuando me muera decía, me pone mal, además tenía que tener bolsillos, ya sea un saquito o una camisa, debía tener un bolsillo, así ella podía poner el dinero el pañuelito que solía usar, si no tenía bolsillo por más caro que te haya salido el regalo sería motivo de desaprobación.
Claro nunca te lo iba a rechazar, pero no faltaría el comentario... “Ay... a mí me gusta con bolsillo porque cuando salgo, voy a comprar o a cobrar la jubilación no se donde poner mis cosas”.
Así era ella, ordenada hasta el cansancio, todo tenía su sitio, todos los regalos o souvenir de cualquier fiesta de la familia, ella lo tenía, tarjeta de invitación, centro de mesa de cumpleaños, o adorno que realizaba una de mis tías, todo... ella con mucho cuidado lo guardaba, jamás tiraría algo que era de alguien de su familia, de su sangre decía...
Cuando yo la visitaba, miraba sus aparadores y muebles de su pieza, impecables... y adornados por todos los pequeños objetos inservibles... pero, que en su casa cumplían la función para la que fueron destinados... “adornar”, había una especie de rango, especial en el ordenamiento de los objetos...
Primaban en primer lugar la de los nietos varones, casi siempre el primero de cada una de sus hijas... pero si te atrevías a reprochar el lugar de privilegio de ese souvenir colocado estratégicamente...
Tenía argumentos suficientes como para que nadie se sienta fuera de esos lugares de privilegios... pobres aparadores...a veces, yo pensaba... debían soportar ese arbitrario lugar de sus “habitantes”.
Los últimos años no fueron fáciles para la abuela, su carácter fuerte, firme, un tanto riguroso por sus creencias religiosas, y normas que para nosotros eran de antaño... le hicieron sentir la dolorosa soledad, sus nietos e hijas se alejaban de ese carácter gruñón, y sus sentencias firmes a la conductas de la familia de las que ella no estaba de acuerdo...
La brecha de normas, creencias y costumbres se hizo notar.
En las navidades, en su pequeña casa cada vez éramos menos, había nietos incluso que ya no la visitaban, sus hijas... siempre protestando por el carácter de la abuela que cada día entendían menos...
Ella no era mujer de callar, si no te vio por semanas ten la seguridad que su queja la ibas a escuchar cuando la visitaras.
La abuela cada vez más y cada vez menos soportaba las injusticias de este mundo, cuando veía los noticieros, se ponía mas sensible, solía decirme: A ese ya no lo van a encontrar, ya está muerto... a la señora del country que la mataron... fue el marido, ahí todavía no él no lo van a culpar... quizás nunca se sepa quien fue, ahí hay mucha plata, fue por plata, me decía con un aire de total seguridad...
Cada tanto, se acordaba del vaticinio de su antigua amiga “vidente” que le predecía su final, su muerte, ella solía hablarme de ese tema en cualquier momento, yo no quería escuchar, se me helaba la sangre, mis ojos se enrojecían y un nudo en la garganta afloraban cuando ella hablaba de su supuesta muerte cercana...
Yo por dentro decía ¡Esta vieja que se va a morir! si no se queda quieta, todos los días acá en casa rompiendo... mi paciencia, porque sus hijas no la irán a visitar así me deja tranquila...
...Y así transcurrieron casi los últimos cinco años, ella adueñándose de mi casa, de mis hijos, de los horarios de la comida, del de la merienda, del orden de los pequeños souvenir que yo no tiraba, pero que tampoco cuidaba.
Ella era en mi casa como la madre... de todos... la mía, la de mis hijos... y hasta de mi marido, intentó cada día, cada tarde, cada hora de “inculcarme” el amor desmedido que ella tenía por “su amante” aunque ahora era casi otro... ya no amaba los trabajos fuera del hogar mi casa se había convertido en el territorio de batalla, y claro está ese era mi lugar, debería dejar todo lo demás para cumplir con mi obligación...
Claro está ella decía: la mujer debe ocuparse de la casa, creo que quería cumplir su sueño en mí, ese sueño, que ella no pudo realizar, que yo no trabajara, pero claro... uf... a mí me había criado Analia.
Analia me había dicho que no era fácil ser mujer casada, pero... que me importaba lo que me dijera... para mí era todo fácil en esos días... miraba el futuro con la fuerza y la energía, optimismo que tiene una chica a los 20 años...
Mamá solía decirme: “la mujer tiene que trabajar, no tiene que depender de nadie, ni de su marido... proseguía... Vos tenés que trabajar porque en tu casa” (no recuerdo que palabra usaba, pero sonaba como a que te morís, te pudrís o te esclavizas... algo así... jajaja).
Me río porque yo trataba de seguir los consejos de la gente que sabe... y la gente que sabe de la vida es la que ha vivido... Quién más que mamá y la abuela...
Si me volví loca tratando de conjugar esos dos mandatos. Por un lado mi abuela: la mujer tiene que cuidar la casa, los hijos, al marido, tiene que servirlo, y por el otro el de mi mamá vos tenés que tener tu independencia, estudiar, y dejar que la casa (ese era un hueco en la teoría de mi mamá ya que ella trataba de fugarse de todas la obligaciones hogareñas que pudiera...) pero esa es otra historia...
Mamá tuvo que pelear su lugar... papá era un perfecto machista... y no quería que ella hiciera nada, que estudiara, que trabajara... pobre papá no sabía con quien se había casado… jajaja...
El destino igualmente le jugó una mala pasada a su machismo. Ya que en el año donde todas las fábricas cerraban, a él que con orgullo había cumplido 20 años sin faltar a la fábrica lo echaron...
Mamá y yo entonces nos hicimos cargo de la parte económica de la casa, gracias a su título de maestra, que consiguió a base de peleas con mi papá, con nosotros sus hijos y con la “Abuela”...
(Aquí voy a sonreir y voy a dar un grito silencioso por “la Analía” que no le hizo caso a nadie, y que no lo hace, incluso en la escuela donde es vicedirectora, tiene un director, pero es ella a los que a todos tiene en jaque... porque dicen las malas lenguas que es ella la que manda... jajajajajaja).
Estábamos en casa mirando el noticiero, yo pensando... solo malas noticias, porque no puedo...
Yo que quisiera escaparme, esta tarde por ahí con alguien, lejos del trabajo, los chicos, el marido... estaba yo en mi oasis imaginario, todo era perfecto estaba yo, ahí tranquila en esa tarde soleada sin ningún problema paseándome con...
Cuando aparecieron las primeras noticias de lo que hoy es una especie de modalidad meterse en casas de viejitos en las noches para robarles su jubilación... o el dinero que dispusieran...
-Fah!!! - sonamos dije
La abuela me dice, yo tengo miedo que me pase eso, si alguien me quiere robar yo lo voy a patear, morder, lo que sea, pero a mí me costó mucho yo no se lo voy a hacer tan fácil, pensaba yo esta vieja loca quien le va a robar su jubilación si hace treinta años que vive en ese mismo barrio.
Solo atiné a decirle: -pero abuela... no era la primera vez que me lo decía, yo sabía de su carácter fuerte, además contradecirla era ponerla más nerviosa, pensé y bueno a lo sumo le van a dar un cachetazo, el tipo se irá con un mordiscón en la mano, después cuando tenga tiempo le llamo a mamá y le digo que la convenza, pero bueno eso después cuando tenga tiempo...
Ella no me dejó continuar si... es así me dijo...
-A mí nuevamente se me hizo un nudo en la garganta y sentía, sabía... que algún día sí iba a pasar... que sus días iban a terminar, pero me dije, que mal que está la abuela, esta depresión que le agarra... y porqué no vendrán las hijas así me deja de joder un poco a mí...
Pasó una semana, la abuela siguió viniendo como todos los días, me siguió pesando y molestando su presencia, al punto de desear que se vuelva “a su chaco” querido o que una de las hijas se dignara a llevársela, o no sé... cualquier opción era buena.
Estaba yo dando clases como siempre en ese curso donde los pibes ya están pesados, están terminando el colegio... y ya no me creen que les voy a bajar las calificaciones, así que la única opción es aguantar, aguantarlos... suena el celular: mensaje de mi mamá...
Pienso: Uy que quiere!!! A ella no le gusta que la molesten en su trabajo, pero si necesita algo me llama en cualquier momento...
Bueno, que espere, que termine con estos pibes, les explico el tema, les doy el cuestionario y...
Otro mensaje, y otro mensaje, decían problemas familiares... Uh, seguro que mi mamá esta en cama y por una pavada me llama...
Otra vez mensaje...
Será mi nena, espero que no sea... voy a atender, seguro mi mamá que se desmayó, eso por hacerse la joven y estudiar y trabajar, andaba más o menos... seguro que es el colesterol, o el estrés por la universidad... esta vieja se va a morir antes que la abuela... porque no habrá salido como la abuela, que aunque esté enferma no deja de ir a casa a ver a mis chicos... y bueno… voy a contestar:
Mi hermana llorando... -Carla es la abuela ¿qué pasó????
Se murió.
Solo atiné a gritar, después en casa ya no iba a poder y los chicos... ah si están con la ab... ella me los iba a cuidar esa tarde... lloro más, tengo que ir a casa, y además ahora tengo que ser yo la madre de ellos...
Para más conflicto a todas mis creencias y normas posmodernas, donde no creo en la religión y vivo solo el día de hoy, y no hay destino, y esas cosas de vieja y que la brujería que son cosas del siglo pasado, y esta vieja que siempre me decía... me decía... tantas cosas.
Esta vieja desgraciada se le ocurrió morirse tal cual se lo habían predestinado, en el mismo año, por culpa de esos asaltantes, que entraron la noche en su casa.
Sigo pensando...claro, pobre, a ella le dijeron eso y psicológicamente se predispuso a morir tal cual ella esperaba morir...
No sé si se dio cuenta, pero se murió de un ataque cardíaco, después de todo nunca se cuidaba, ese dolor del pecho... era eso...
Después de aquello. Aún al pasar los meses sigo pensando... todo, todo tiene una explicación medianamente razonable, coherente, hasta científica como dice mi mamá...
Bien pero: ¿Ahora como ella sabía que iban a ser dos los culpables... sabía el año, sabía como y cuando, lo que más me extraña que ella me nombró el diario donde saldría la noticia de su muerte, sabía que la noticia iba a salir en el diario Clarín...
Ahora solo puedo esperar que esta tristeza disminuya por sí sola, esperando que el tiempo pase...
Sí, después de todo Rosario murió del corazón...

1 comentario:

  1. wooow... valla historia
    historia de vida... de esta mujer
    me gusto mucho corazon, nunca pierdas esa vocacion, lo haces muy bien. grandioso... un aplauso =)

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